

Mantener la química del agua de tu piscina correctamente equilibrada puede ser un desafío. La clave es estar atento probando y tratando el agua con regularidad. Es muy común que los propietarios de piscinas crean que el cloro, ya sea un tratamiento tradicional en polvo, comprimido o líquido o mediante cloración salina, es suficiente para tratar todo lo que daña el agua. Eso no es cierto. El agua debe estar equilibrada. De lo contrario, el cloro que se añada podría no ser eficaz.
El equilibrio perfecto del agua está determinado por el pH, la alcalinidad, la dureza del calcio y los sólidos disueltos totales (TDS). Para que el agua de la piscina esté “equilibrada”, todos estos factores deben permanecer en su rango adecuado. Los rangos pueden variar ligeramente, según el acabado de la piscina y la temperatura promedio del agua durante la temporada de uso.
El pH es el factor más importante para equilibrar el agua. Se mide en una escala de 0 a 14, en la que 0 es el más ácido, 7 es neutro y 14 es alcalino. El pH debe mantenerse en un margen estrecho entre 7.2 y 7.8 para que una piscina se considere equilibrada. El agua pura es neutra. Solo cuando las sustancias se disuelven en ella es cuando se inclina hacia un lado o hacia el otro.
Este es un punto crucial: los altos niveles de pH disminuyen la eficacia del cloro que desinfecta una piscina. Si el pH no es el correcto, es posible que no importe cuánto cloro viertas en el agua. Cuando el pH aumenta, el agua se vuelve alcalina y crea un entorno en el que pueden formarse depósitos minerales (incrustaciones), y el cloro deja de ser eficaz en su tarea principal: matar bacterias y algas. El secreto para controlar el pH radica en controlar la alcalinidad. Actúa como un techo sobre tu pH, por lo que este no puede llegar más alto. Es importante controlar primero la alcalinidad porque facilita el equilibrio del pH. La alcalinidad debe permanecer entre 80 – 120 ppm.
El calcio y los sólidos disueltos totales (TDS), como el magnesio, por encima de 300 partes por millón (ppm), dificultan la obtención de agua cristalina y comprometen la eficacia de las sustancias químicas. Esto puede ser habitual, según donde te encuentres.
Por ejemplo, se ha observado dureza en el agua del grifo de Phoenix de hasta 1,000 ppm. Además de la incrustación en los azulejos, otros signos de advertencia de altos niveles de dureza incluyen incrustaciones en la bomba, el filtro y las tuberías, depósitos blancos en el filtro de sílex, manchas blancas en los decks y la decoración, y aumento del consumo de sustancias químicas desinfectantes.
Desafortunadamente, los altos niveles de minerales, como el calcio y el magnesio, no pueden tratarse con el mantenimiento normal de la piscina. Estos minerales deben eliminarse. Volver a llenar la piscina con la misma agua con la que empezaste es contraproducente, y malgasta tiempo y agua. Algunos profesionales recomiendan añadir un compuesto que se une a estos minerales, pero esa es una solución a corto plazo. El agua turbia puede reaparecer. Si te encuentras en una zona con alto contenido mineral, la mejor manera de controlar una situación de calcio o magnesio desmesurados es transportar el agua en camión.
